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viernes, 9 de septiembre de 2011

"Como estaba diciendo..." (reactivando el blog)

Fue durante una gala de los Grammy de 1994. Le dieron a Frank un premio en reconocimiento a toda su carrera. Bono lo presentó, hablando de todo menos del talento musical de Sinatra, y después salió él. Toda una leyenda viviente, a cuatro años de su desaparición. Frankie empezó a agradecer aquel galardón, a recordar los viejos tiempos, a insuflar ánimos a los nuevos artistas... y de pronto vio a uno de sus asistentes haciendo aspavientos para que dejase de hablar. El realizador del programa había tenido los arrestos de cortar el discurso de Francis Albert Sinatra para pasar a la voz en off y presentar los siguientes premios; y de ahí, a la publicidad. Y mientras, Sinatra seguía hablando, como un viejo abuelete contando batallitas que no se entera de qué va la cosa.


Sinatra salió hecho una furia del teatro en el que se celebraba la velada, y al día siguiente la prensa destacó la poca profesionalidad de los responsables de la gala por la triste imagen que habían dado del cantante. Le pidieron mil perdones al Viejo Ojos Azules, aduciendo excusas absurdas de descoordinación. Entonces, alguien tuvo una idea que hubiese quedado genial. Al comenzar la gala de 1995, la pantalla en negro de la televisión se iría iluminando para dejar ver a un hombre de espaldas. Entonces Frankie se volvería hacia la cámara y anunciaría: “Como estaba diciendo...”. Como es lógico, el cantante rechazó la propuesta, pero no se puede negar que era original.

Pues eso mismo comenta el autor de este blog. Tras dos meses de cambios de todo tipo –ciudad, trabajo, imagen...-, espero haber recuperado la calma necesaria para proseguir surtiendo de contenido “ratpackero” este blog. Hace poco me comentaba un amigo que debía ser complicado llevar una web temática, sobre algo tan específico como Frank y los chicos. Para nada. Hay material de sobra, y muy curioso además. Sólo hace falta tiempo y ganas para buscarlo, ordenarlo y subirlo. Las ganas las tengo, y el tiempo espero arañarlo de aquí y de allá.

Para empezar, aquí tenéis el vídeo de aquel triste momento. Primero el poco acertado discurso de Bono, y a continuación la intervención de Sinatra. Si os vais a los últimos segundos veréis cómo aparece la careta de los premios, empieza a sonar la voz en off pero, en el escenario, Frankie sigue con su historia.

viernes, 29 de abril de 2011

Sinatra televisivo: el punto flaco de Francis Albert

Por alguna extraña razón Universal presenta este material como “el conjunto completo de especiales de televisión grabados por Frank Sinatra”, aseveración que han repetido sin pudor innumerables medios. Y no deja de resultar chocante cuando el propio sello ya ha reeditado algún que otro especial y sin duda presentará bastantes más. Warner editó en su momento en DVD doce de los quince que grabó La Voz. Sería todo un detalle que por fin pudiésemos disfrutar de todos ellos.

La televisión fue siempre la espina clavada de Francis Albert. Dean Martin se convirtió en uno de los personajes más populares de la televisión estadounidense gracias a su “The Dean Martin show”, que se mantuvo en antena desde 1965 a 1973, reportándole premios y grandes dividendos. Y cuando la audiencia empezó a caer, la NBC constató que el público estaba cansado del formato, no del presentador, así que reciclaron a su estrella en el espacio “The Dean Martin celebrity roast”, que sobrevivió durante once años.

Frente al arrollador triunfo de su amigo y compañero de farras, los intentos de Sinatra por tener su propio espacio televisivo se habían saldado con varios sonoros fracasos. Su primera serie fue, en el fondo, el clavo ardiendo al que se agarró Sinatra para intentar salvar la mala racha que atravesaba a comienzos de los cincuenta, cuando sus ventas cayeron, apenas recibía propuestas de Hollywood y le costaba encontrar escenarios en los que cantar. Pero lo único que consigiuió el de Hoboken con “Meet Frank Sinatra”, rebautizado como “Here’s Frank Sinatra” y finalmente “The Frank Sinatra show”, fue clavar la tapa de su ataúd.


A la CBS le costaba demasiado caro un programa de variedades con numerosos invitados entre cómicos, cantantes y orquestas como para que el índice de audiencia fuese menos de la mitad que el de otros espacios similares de la competencia, como el show de Milton Berle. El programa aguantó en antena desde julio de 1950 hasta abril de 1952.

Para entonces Frank Sinatra estaba alcanzando el punto más duro de su descenso a los infiernos, y aún tendría por delante un difícil camino hasta lograr resurgir y convertirse en el más grande del show business.

En 1957 ya lo había conseguido. Sus discos en Capitol se vendían bien y obtenían excelentes críticas, y no había teatro, casino o sala de actuaciones que no le ofreciese un cheque en blanco por tenerlo en cartel, amén de todos los guiones que tenía sobre la mesa para trabajar en Hollywood.

Fue entonces la cadena ABC le que le propuso protagonizar un nuevo “The Frank Sinatra show”, otro espacio de variedades por el que pasaron invitados de la talla de Bob Hope, Peggy Lee, Kim Novak, Dean Martin, Ella Fitzgerald, Sammy Davis Jr. o Bing Crosby. Los datos de audiencia, sin embargo, llevaron a la cadena a eliminarlo de la parrilla en junio de 1958, nueve meses después de la primera emisión.

El fracaso televisivo de La Voz ha sido siempre una gran incógnita para los biógrafos y estudiosos de un artista que logró triunfar en el resto de las disciplinas en las que se aventuró (incluido como director de orquesta). Algunos argumentan que el estilo de Sinatra era demasiado “cálido” para un medio tan “frío”, dado que el artista se comportaba con sus invitados ante la cámara igual que lo haría en un escenario, con abundantes bromas y un actitud informal y desenfadada.


No obstante, el cantante seguía estando ligado a la ABC por contrato, así que llegó a un acuerdo con los directivos para liquidar éste a través de una serie de programas mejor preparados, más atractivos, apoyados sobre todo en la reunión de una contundente cuadrilla de invitados. Así nació el “The Frank Sinatra timex show”, que conoció cuatro emisiones, entre octubre de 1959 y mayo de 1960. El primero de ellos presentó junto a Sinatra a Bing Crosby, Dean Martin, Mitzi Gaynor, en un espacio realmente divertido, mientras que el último supuso el “recibimiento” a Elvis Presley tras su regreso del servicio militar en Alemania.

Conocido como “It’s nice to go traveling” o “Welcome home Elvis”, Sinatra se empleó a fondo con este programa para aprovechar la ocasión y dejar claro ante millones de telespectadores que Elvis podía ser el rey del rock, pero él seguía siento el gran jefe. Para lograrlo, convocó a parte de su camarilla habitual, entre ellos Sammy Davis Jr., Joey Bishop o su propia hija Nancy Sinatra. Además, vistió a Elvis de esmoquin y le hizo cantar a dúo ‘Wichcraft’ y ‘Love me tender’, con arreglos algo “tramposos” de cara al muchacho de Tupelo. Pero en 1960, Elvis era mucho Elvis. Dean Martin no estuvo presente en aquel programa. Se excusó alegando un compromiso en Atlantic City. En realidad ya había dejado claro que no tenía el menor interés en quedar en ridículo midiendo sus fuerzas con el artista más popular en todo el mundo en aquellos días.



Los especiales

Con aquel momento histórico, su mano a mano con Elvis, Sinatra se despidió de los programas de televisión periódicos. A partir de entonces solo se implicaría en especiales, que grababa cada cierto tiempo, a su medida y antojo, dedicados por completo a la música, sin números cómicos ni otras complicaciones.

El primero de aquellos programas le dio la razón. “A man and his music”, emitido en 1965 por la NBC, obtuvo una audiencia moderada pero unas críticas excelentes, además de dos premios Emmy. Respaldado por su arreglista y director de orquesta de cabecera, Nelson Riddle (más una sección a cargo de Jordon Jenkins, otro habitual), Sinatra repasa algunos de sus clásicos en diversos escenarios, sobrios y elegantes, con una puesta en escena sofisticada que dejaba todo el protagonismo a la música.

El arranque del espacio es ya todo un clásico. Una silueta entra en una sala inmensa en penumbra, los pasos suenan firmes. Llega hasta una banqueta, se sienta, y en ese momento orquesta y cantante arrancan con ‘I’ve got you under my skin’ al tiempo que se encienden los focos. A partir de ahí, un verdadero festín. ‘I get a kick out of you’, ‘My kind of town’, ‘Come fly with me’, ‘The lady is a tramp’, ‘I’ve got the world on a string’, ‘Witchcraft’, ‘You make me feel so young’… Sinatra se siente cómodo, joven, y aunque esté a punto de cumplir los cincuenta destila el mismo entusiasmo que cuando arrastraba legiones de jovencitas veinticinco años atrás.

En ocho meses, julio del 66, la CBS programó un nuevo especial, “A man and his music, Part II”, en el que el cantante seguía mostrándose pletórico y rebosante de energía, aunque más relajado en lo que a interpretación y repertorio se refiere. Éste fue uno de los especiales que Sinatra quiso aprovechar para enganchar nuevos oyentes, parte de ese público joven que renegaba de él por ser el artista favorito de la generación anterior. Así que invitó a su hija Nancy, la dejó cantar un par de temas y después se marcaron varios duetos juntos que, aunque simpáticos, sólo ponían de manifiesto el evidente salto generacional. No obstante, hay momentos memorables, como las vibrantes revisiones de ‘Luck be a lady’, y ‘That’s life’, o el magistral intimismo alcanzado con el medley ‘Angel eyes’/‘Put your dreams away’.

Siendo notable esta segunda entrega, el tercer especial, emitido en noviembre de 1967, volvió a elevar la marca a la altura del primer espacio. “A Man and his music + Ella + Jobim” presentó en pantalla a Sinatra junto a la cantante Ella Fitzgerald y al cantante y guitarrista Antonio Carlos Jobim, nuevamente con Nelson Riddle a cargo de la orquesta. Es el más jazzístico de los especiales televisivos, con un Sinatra en plenas facultades y diversos temas a cargo de cada uno en solitario además de varios duetos. La hora de metraje atesora bastantes momentos impagables, como la rendición de Frank al clásico negro ‘Ol’ man river’, ese ‘The girl from Ipanema’ junto a Jobim o el tour-de-force final con la Fitzgerald de la mano de ‘The lady is a tramp’.


Estos tres especiales, los que ahora reedita Universal, son con diferencia los mejores que grabó Sinatra, sobre todo si se comparan con la siguiente entrega, “Francis Albert Sinatra does his thing”, de 1968. Éste fue el más evidente de esos intentos por conectar con el público joven, para lo que el artista no dudó en salirse de su lista de invitados habituales y convocar a dos nombres fuertes del momento como eran Diahann y The 5th Dimension. Cabe destacar como anécdota que cuando Sinatra recibió la noticia, pocos días antes de la grabación final, de que se habían ultimado los trámites de su divorcio con Mia Farrow, se deprimió tanto que canceló la sesión; lo que el público vio el 25 de noviembre en la cadena CBS era en realidad una grabación del ensayo de vestuario.

Mucho más austero y lacónico resultó, en 1969, Sinatra, que contrasta radicalmente con el especial de 1965 al ofrecer apenas un par de temas con cierto swing. Gracias a eso el programa resulta más honesto y emocionante, porque deja entrever la preocupación y el hastío del cantante ante el paso de los años y la pérdida de un lugar prominente en la industria musical. No es de extrañar que poco después anunciase su retirada.

Pero habría tiempo antes para un primer especial en directo, grabado en 1970 durante un concierto en Londres, Live at Royal Festival Hall. La BBC fue quien retransmitió el evento, que contó como presentadora estelar con la princesa Grace de Mónaco (otrora Grace Kelly) compañera de reparto de Sinatra en la película Alta Sociedad. En este recital Siantra se presenta correcto, sin alardes excesivos ni riesgos innecesarios, pero dejando de manifiesto su magnífico control de la voz, la respiración, el fraseo, la distancia con el micrófono… en definitiva, sus muchos años de experiencia en el escenario.

Del Madison a la leyenda

Tras anunciar su retiro el 13 de junio 1971, apenas dos años después volvía a estar en activo. El aireado regreso se saldó con dos especiales muy diversos. El primero, en 1973, presentaba a un Sinatra al que por primera vez se le veía realmente mayor, con un peluquín infame y algunos kilos de más. Tampoco estaba en su mejor momento vocal, y la revisión de algunos clásicos dejaba que desear. Sin embargo, tal vez por la ilusión del nuevo comienzo, lograba hacer brillar dos de sus éxitos más recientes, ‘Let me try again’ y ‘Send in the clowns’. Lo mejor de este especial, no obstante, es la química que destila junto al invitado de excepción Gene Kelly, quien se marca un baile al más puro estilo de la vieja escuela mientras Sinatra entona ‘Nice and easy’.

El regreso se remataría en 1974 con “The main event”, la emisión televisiva de uno de los conciertos que Frank Sinatra ofreció en el neoyorquino Madison Square Garden. Este espectáculo, que también quedó plasmado en un álbum, es otro de los puntos de inflexión de la carrera del artista. Bajo los focos de la catedral del boxeo, escenario de incontables veladas musicales, Frank Sinatra era investido mito popular estadounidense entre aplausos y vítores de un público entusiasmado. El célebre artista se convertía en mito. A pesar de la pobre labor de edición, el especial televisivo logra trasmitir parte de esa euforia alrededor de aquel hombre solo sobre el cuadrilátero, que con razón entona con energía adolescente el grito de ‘That’s life’. “Jamás había sentido tanto amor en una sala en toda mi vida”, confiesa entre temas un Sinatra abrumado por la emoción. Es asombroso ver cómo consigue poner a bailar a medio aforo con su arrolladora versión de ‘Bad, bad Leroy Brown’, y sumir el ambiente a continuación en el intimismo más emotivo a través de una de sus “saloon songs” más notables, ‘Angel eyes’.


1977 y 1980 fueron los años de dos programas con mucho más atractivo para los mitómanos que para los melómanos. El interés de “Sinatra and friends” y “Sinatra: The first 40 years” radica principalmente en la reunión de innumerables estrellas alrededor del protagonista, con interpretaciones que no pasan de correctas y puestas en escena sin el más mínimo atractivo.

“The man and his music”, en 1981, fue un intento de recuperar el pulso de los especiales originales, apostando plenamente por la música y dejando a un lado duetos, bailes y experimentos con gaseosa. Nada menos que Count Basie y su orquesta acompañan a Sinatra en esta ocasión. Sin embargo, resulta demasiado artificial, apenas queda nada de la frescura y espontaneidad de 1965. Sinatra y Basie hacen bien su trabajo, pero la realización es incapaz de actualizar una propuesta que hubiese resultado notable veinte años atrás. Salva la apuesta el guitarrista Tony Mottola, que da la oportunidad a Sinatra de entonar dos versiones notables de ‘The girl from Ipanema’ y ‘I get a kick out of you’.

El cantante protagonizaría dos especiales más durante los ochenta, ambos, grabaciones en directo emitidas por Showtime. El primero de ellos, “Concert for the Americas”, fue un concierto de 1982 celebrado en República Dominicana, que contó con el lujo de la orquesta de Buddy Rich. El extraordinario baterista se marca un par de solos a la altura de su leyenda, mientras Sinatra ofrece una de sus últimas grandes interpretaciones, con un repertorio bastante equilibrado entre clásicos de todas sus etapas, incluyendo esa canción que tanto odiaba y que definía como “un verdadero pedazo de mierda”: ‘Strangers in the night’.

Los años finales

En 1988, un septuagenario Frank Sinatra tenía la imperiosa necesidad de sentirse joven. Para conseguirlo decidió llevar adelante lo que todos le advertían que era una locura. En los días de Michael Jackson, Madona y la Mtv, decidió reunir a sus amigos del Rat Pack, Dean Martin y Sammy Davis Jr., para recorrer el país llevando a las grandes audiencias un espectáculo similar al que solían ofrecer en Las Vegas treinta años atrás. Y contra todo pronóstico, se agotaron casi todas las entradas para “The comeback tour” antes de que llegaran a ofrecer el primer show.

Showtime tenía previsto filmar uno de los conciertos para su posterior emisión cuando, a los pocos días del comienzo de la gira, un Dean Martin agotado y desencantado decidió abandonar para volver a sus tradicionales espectáculos en hoteles y casinos. Ante la imposibilidad de cancelar, Frank y Sammy ficharon a Liza Minelli y rebautizaron la gira como “The ultimate event”. Se grabaron varios conciertos en Detroit, a finales de 1988, y la edición con lo mejor de cada uno fue lo que finalmente se emitió en mayo del 89. Sammy abría el programa, demostrando que seguía siendo el artista más completo y perfeccionista del show business estadounidense, seguido por Liza y finalmente Frank. Y tras las secciones individuales, llegaba el divertido cierre a cargo de los tres. Estaban viejos, pero aún resultaban irresistibles.


En 1990 y 1995 respectivamente se prepararon dos nuevos especiales: “Sinatra 75: The best Is yet to come” y “Sinatra: 80 years my way”. El primero era un refrito de imágenes de archivo, algunas entrevistas y reciente material en directo, mientras que el segundo fue un multitudinario homenaje, con la presencia de talentos de la talla de Bob Dylan, Bruce Springsteen, Ray Charles, Bono, Little Richard o Tony Bennett, entre otros; el tipo de programas que Sinatra nunca quiso porque eran sinónimo de despedida inevitable.

Entre ambos espacios, en 1994 la CBS combinó cortes de duetos televisivos de los 50 y 60 con algunos vídeos musicales del disco más reciente y popular del cantante, para confeccionar el programa especial “Sinatra duets”, que no era más que un vehículo promocional del álbum homónimo que había devuelto al italoamericano a lo más alto de las listas a comienzo de los años noventa.

Sinatra moriría poco después, el 14 de mayo de 1998, ¿satisfecho tras aquel triunfo final?Después de todo, cuando ya nadie lo creía capaz de remontar vuelo, había tenido la oportunidad de demostrar a la generación de sus nietos quién había sido y sería por siempre “el jefe del cotarro”.

viernes, 8 de abril de 2011

Tres ratas en el camerino: vistiéndose para la acción

Cuando actuaban en Las Vegas, ya fuese en el Hotel Sands en los días dorados del Rat Pack (1957-1963), o en cualquiera de los otros en años posteriores, los chicos solían seguir una rutina antes de salir al escenario, especialmente Frank y Dino. Tras una noche de fiesta y la correspondiente mañana de sueño, almorzaban bien, se relajaban un poco y pasaban por una buena sesión de sauna (tema aparte del que ya hablaremos con más calma). Concluída ésta, llegaba el momento de acicalarse para el show.


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En ese tema Sinatra era muy estricto. No soportaba que la gente no supiese ir vestida correctamente para cada ocasión. Le molestaban por igual el hombre que acudía a una cena sin su esmoquin de rigor como el que se vestía con él para asistir a un espectáculo con el que no encajaba ese vestuario; y por supuesto, jamás había que llevar un esmoquin en domingo.

Tras tomar una reconfortante ducha, ya en la habitación del hotel, volvían a embutirse en un albornoz, y mientras un miembro de su “camarilla” les preparaba el atuendo, ellos paladeaban un whisky y fumaban un par de cigarrillos. Shirley MacLaine asistió, como “mascota” del Rat Pack, a varios de aquellos ceremoniales, y se quedaba verdaderamente perpleja de que unos hombres pudiesen cuidar de forma tan pulcra y detallista su aspecto. Al final, el gusto por la elegancia se convertiría en otra de las señas de identidad del grupo.


Lo principal era no tener nunca prisas, y por eso empezaban siempre a vestirse con bastante antelación. Ante todo, el afeitado, cada cual a su estilo: navaja en el caso de Frank, maquinilla eléctrica en el de Dean y cuchilla en el de Sammy. Después, la colonia, que corría a raudales entre los artistas casi tanto como el alcohol; Agua Lavanda para Frank, Woodhue de Fabergé para Dean (aunque solía bromear en el escenario mojando sus dedos en el vaso de whisky y dándose con éstos tras las orejas) y una contundente combinación de Lactopine, Hermes y Au Savage para Sammy.

En el momento de vestirse, como cualquier mortal, todo empezaba por la ropa interior. Blanca, inmaculada, planchada. Las camisas eran siempre nuevas, también blancas, almidonadas. El traje, bien aireado tras ser planchado específicamente para cada ocasión, había sido bien seleccionado según el momento. De igual modo se hacía con el tipo, color y material de la corbata o la pajarita, seda siempre, a escoger entre una amplia variedad cuidadosamente doblada en los cajones de un arcón de viaje.


En otro de los cajones se guardaban los pañuelos para el bolsillo de la chaqueta, si la ocasión lo requería (siempre rojo para el esmoquin). Sulka y Turnbull & Asser eran las marcas preferidas para ambos tipos de complementos, hasta que Sinatra lanzó su propia colección de corbatas. “Nunca he conocido a una mujer que pudiese elegir una corbata de mi gusto”, comentaría el cantante. No era cierto, Nancy Barbato lo conseguía.

Frank y Dean eran muy especiales para los colores, Sinatra sobre todo, hasta el punto de llamar la atención a la gente en medio de una fiesta. Lo más imperdonable era llevar un traje marrón por la noche. Para ese momento, siempre negro. Tal vez azul, si era un azul “medianoche” o, si no había más remedio, un gris oscuro. En 1965, Frank y Dean acudieron juntos al popular programa The Tonight Show, presentado por Johnny Carson. Durante la emisión en directo, la pareja, embutida en sus elegantes esmóquines negros, interrumpió el guión previsto para recriminar al presentador, los invitados (Joey Bishop entre ellos) y la banda de música que fuesen vestidos con trajes grises. “Se supone que esto es un programa de media noche, ¿no? –comentó Frank- ¿Qué diablos hacéis vestidos así?”

Durante el día, por el contrario, apostaban los colores arriesgados y alegres, como el naranja (el color favorito de Sinatra) o el verde, siempre combinados con buen gusto. Frank, por ejemplo, odiaba por lo general que alguien gastase calcetines blancos con zapatos negros y pantalón gris, pero Dean lo hacía, aunque con tal clase que llegó a convertirse en referente estilístico del Rat Pack.

Él fue el primero del grupo en requerir los servicios del sastre Sy Devore, al que conoció en sus días junto a Jerry. Frank y los chicos le llamaban “El custodio de los trajes reales”, y por ello estuvo en Las Vegas durante las dos semanas de enero de 1960 en las que se forjó la leyenda del Rat Pack, durante el rodaje de La cuadrilla de los once, de igual modo que los acompañaría más tarde en otros lugares, siempre atento para cuidar que cada uno de los ternos estuviese perfecto antes de cada función.

Cada miembro del grupo quería un corte determinado, y Devore se encargaba de ofrecérselo. Una de las características de aquellos trajes que marcó moda era permitir que los puños de las camisas se viesen más de lo habitual, una preferencia impuesta por Dean. Tras popularizarse su trabajo con el Rat Pack, Devore llegaría a tener clientes como Elvis Presley, cuya manifiesta devoción por Dean Martin le llevó a intentar imitarlo incluso en su forma de vestir. En cuanto a Frank, llegó a asociarse con Sy Devore, y a mediados de los sesenta su guardarropa contaba con más de 150 trajes. Poco después dejó al sastre de Beverly Hills para decantarse por el corte inglés de Carroll & Co., Dunhill y otros maestros de Savile Row.

Ya vestidos y calados sus zapatos, relucientes como espejos, había que llenar los bolsillos. “Siempre me han gustado los bolsillos –dijo Frank en una ocasión-. Cada cosa tiene su pequeño hogar, limpio y ordenado”. El pañuelo de lino blanco en el interior de la chaqueta. Pequeños caramelos de menta en el bolsillo izquierdo, junto a algunos pañuelos de papel. Algunos Camels sueltos en el derecho. En el pantalón, un clip con un fajo de billetes nuevos, ninguno menor de cien.


En cuanto a las joyas, Sammy era el que más lucía. Con el paso de los años llegó a tener sus dedos repletos de anillos, además de varias cadenas de oro. Por su parte, Dean sólo llevaba una esclava en la muñeca. A Frank no le gustaba nada de ese detalle. En cierta ocasión le regalaron una como la de Dean, con sus iniciales grabadas, pero nunca se la puso: “No necesito una cadena con mi nombre. Sé muy bien quién soy”. Lo que sí solía llevar era un anillo en el dedo meñique. Dean y él se hicieron diseñar uno que se regalaron mutuamente, como símbolo de hermandad. Dean nunca se lo quitaba, pero Frank lo alternaba con uno de la familia Sinatra y otro que sellaba su relación con el mafioso Sam Giancana. Para la camisa, los gemelos de casi todos eran comprados a Swifty Morgan, un joyero de Florida. Una vez listos, Frank y Dean se miraban el uno al otro para revisar traje y complementos. Si todo estaba en orden, era el momento de apurar las copas, salir de la habitación y poner rumbo al escenario.